martes, marzo 13, 2012

TEMPLANZA Y MANSEDUMBRE VIRTUDES QUE DEBEMOS PRACTICAR

Recibido de Marcelo Sepúlveda Oses el 12 Marzo 2012
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Nuestra gran pregunta, como género humano, desde la antigüedad, ha sido: ¿Cuál es el origen del universo? ¿Cuál es el origen de todas las cosas? Quizás, hoy, estamos más cerca de encontrar alguna respuesta certera, pero, siempre, se nos aparecen nuevas interrogantes, nuevas incógnitas por resolver. Observamos la inmensidad del espacio, impávidos, sorprendidos y desconcertados; dedicamos empeño, trabajo y recursos en la investigación científica del cosmos, pero, creo, debemos atender, con tal rigurosidad, los problemas y dificultades cotidianas y comunes de las personas.

En este tiempo actual, debemos procurar la templanza y mansedumbre de espíritu (o la esencia del ser o cualquier modo de conciencia que poseamos sobre nuestra condición de raza original) Me refiero de tal modo, pues transitamos inmersos en el vértigo y la velocidad de una sociedad en permanente transformación. En la búsqueda de respuestas, en la resolución de problemas, en los cuestionamientos sobre lo creado agotamos nuestras energías. Entonces, templanza y mansedumbre, se convierten en una oportunidad de encuentro con nosotros mismos, con los otros que habitan nuestro medio y con la fuerza que conduce el universo desde algún lugar remoto o cercano…

Mansedumbre de los bueyes que tiraban la carreta cargando el trigo para la molienda, cargando la harina para amasar el pan, a paso lento y pausado, ha ritmo constante, seguros de volver a la querencia. Mansedumbre como las semillas en el desierto florido que esperan con paciencia la llegada de la humedad para germinar en una explosión de todos los colores posibles; vegetales en el territorio más árido del mundo, señal de vida al límite de lo imposible. Mansedumbre coronada de esperanza, quietud del alma para aguardar la muerte, amiga sospechosa, única confianza segura de futuro.

Templanza cual arco de flecha que se tensa o el bronce fundido a fuego que puede asumir diversas formas en las manos del artesano o el artista. Templanza de una madre para corregir con sabiduría a su pequeño hijo, aquella simiente que mantiene la confianza en la humanidad y su permanencia en esta tierra, templanza para alcanzar el equilibrio perfecto sobre un trapecio en el circo, aguardar el clima propicio para realizar la siembra y luego la cosecha,

Entonces, templanza y mansedumbre acompañan al astrónomo para escudriñar los rincones más apartados del universo en la convicción de responder las tremendas dudas que lo desconocido le genera. Al igual, el arqueólogo, busca y busca restos, vestigios de vida antigua animal, vegetal o mineral, en el afán, de reconstruir un pasado que ya no nos pertenece, que no es posible modificar o cambiar, que reúne experiencia de los más antiguos para educar a los más jóvenes, guiar en la sabiduría, comprometerse y ser un facilitador de respuesta efectiva y certeras para entender mejor el espacio en que habito.

Es posible desconocer la respuesta a las interrogantes supremas de la ciencia, pero protegemos en la sencillez del hombre y la mujer común, virtudes que compensan, en ocasiones, nuestra ignorancia

Aseguremos un tiempo para dedicarlo a meditar, reflexionar y descubrirnos a nosotros mismo cultivando con esmero templanza y mansedumbre.

Marcelo Sepúlveda Oses

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