martes, enero 27, 2009

EL SER HUMANO, FRÁGIL Y DELICADO,ANTE LA INMENSIDAD DEL UNIVERSO
Enviado por Marcelo Sepulveda Oses el 27 Ene 2009
Cuando en una noche estrellada de verano observamos el espacio infinito, simplemente, podemos darnos cuenta de lo pequeño y frágil de nuestra existencia, de lo imposible que resulta imaginar las distancias siderales en el cosmos. ¿Cómo podemos comprender las medidas astronómicas que separan las galaxias? ¿Cómo descomponer, en nuestro mundo real y concreto, la velocidad de la luz? ¿En qué lugar del universo podemos situar el corazón de vida que gobierna todo lo creado?

Aquellos, cuestionamientos que por siglos, miles de años o quizás desde que el ser humano guarda memoria, nos han preocupado. Imaginar la regularidad matemática del movimiento de traslación y rotación del planeta tierra. Despreocuparnos de la fuerza de gravedad que nos mantiene firmes sobre la corteza terrestre puesto que nos mantiene pegados al suelo. ¿Comprendemos que si el oxígeno descompone su fórmula química no podríamos sobrevivir? ¿Que, si el agua se evapora, desaparecemos, irremediablemente, de la faz sobre la tierra?

En el último tiempo, la humanidad asume una constante peligrosa: Considerarnos todopoderosos, invencibles. Producto de una arrogancia sin límites, hemos provocado, irresponsablemente, el colapso de nuestro hábitat. Temerosos, desconfiando de los otros, cada día más individualistas, sembrando egoísmo, miseria, dolor y llanto, nos encontramos perdidos, a la deriva, sin brújula maestra que dirija el tránsito de nuestro mundo.

Creo prudente regalarnos tiempo para meditar, descansar del ajetreo doméstico, mirar la inmensidad del cosmos tranquila y plácida, escapar del bullicio ensordecedor que envuelve la vida cotidiana, compartir una amena charla con mis vecinos, disfrutar de la vida familiar, educar a los hijos bajo la sombra de la prudencia, en el resguardo del respeto a los otros, seguros en la confianza, celadores de la paz y la concordia. Aceptemos el error, la posibilidad cierta de la equivocación y desde el aprendizaje dramático que conllevan los desaciertos, construir una mejor sociedad. Hoy, es el momento de encauzar el rumbo, de planear el advenimiento del equilibrio y la armonía en la sociedad moderna.

Quizás, esta reflexión personal evidencie carencias, equivocaciones propias derivadas desde la falta de conocimientos; más, estoy cierto que existen valores y creencias invariables, aquellas conducentes a optimizar la vida en comunidad en una aldea global heredera del esfuerzo y trabajo de nuestros antepasados, de aquellos pensadores clarividentes, de los humildes obreros que labraron los campos, de los constructores, los creadores de inventos, hombres y mujeres de bien.

Mañana, cuando la noche serena aún resguarde las estrellas distantes, cuando el maíz y el trigo vuelvan a madurar, cuando el agua transite los ríos que acarician el mar, cuando los abrazos se obsequien desinteresados, podremos descansar quietos y seguros, hemos colaborado, desinteresadamente, para sostener la humanidad en este universo frágil donde todos los seres y las cosas dependen las unas de las otras.

Cuando oscurezca, levanta tus ojos hacia el cielo y descubrirás una inmensidad absoluta y total; sin embargo, en la pequeñez de nosotros mismos aún tenemos grandes proezas y hazañas por realizar. No claudiquemos, cada día propone un nuevo y desafiante afán.

Marcelo Sepulveda Oses

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